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La Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (Sunat) atraviesa uno de los periodos más inestables de su historia reciente. En menos de dos años, la institución ha cambiado de jefe en seis ocasiones, una rotación que genera serias dudas sobre la continuidad de sus políticas tributarias y su capacidad de cumplir eficazmente su mandato.
El más reciente nombramiento recayó en Javier Eduardo Franco Castillo, designado por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) como nuevo superintendente. Su llegada marca la sexta designación en apenas 24 meses, un ritmo que, según especialistas, impide consolidar estrategias sostenidas para enfrentar problemas estructurales como la informalidad laboral, la minería ilegal y el narcotráfico.
Una sucesión de mandatos breves
En este breve periodo, por la jefatura de la Sunat pasaron Edward Tovar, quien estuvo solo 25 días; Marilú Llerena, aproximadamente seis meses; Víctor Mejía, cinco meses; Gerardo López, siete meses; y Luis Vera, quien concluyó una gestión más prolongada de cuatro años en marzo de 2024.
La frecuencia de los cambios contrasta con lo que ocurría en años anteriores, cuando los titulares de la Sunat permanecían en el cargo entre tres y cinco años, permitiendo una mayor planificación y ejecución de políticas tributarias de largo plazo.
El tributarista Jorge Picón considera que este nivel de rotación impide desarrollar una gestión coherente y sostenida: “Antes, los jefes de la Sunat duraban al menos cuatro años, pero ahora apenas unos meses. Con esta inestabilidad, es imposible crear y aplicar planes serios de lucha contra las economías ilegales”.
Una recaudación que crece sin gestión efectiva
Si bien los informes oficiales de la Sunat muestran un incremento en la recaudación tributaria, Picón advierte que este fenómeno no responde a una mayor eficiencia administrativa, sino al contexto internacional favorable, en particular al alza de los precios de los metales.
“El aumento en los ingresos fiscales no se debe a un esfuerzo de fiscalización o de ampliación de la base tributaria. Es una consecuencia de los precios internacionales, no de una gestión técnica sostenida”, explicó el especialista.
Esta observación coincide con evaluaciones de organismos independientes que han advertido que, pese a los buenos números en la recaudación, la informalidad sigue representando más del 70% del empleo nacional, y los esfuerzos por controlar el comercio ilícito o la evasión fiscal siguen siendo limitados.
Falta de autonomía y dependencia política
Uno de los factores que explican la inestabilidad institucional es la dependencia directa de la Sunat del MEF, lo que la expone a los vaivenes políticos de cada gestión ministerial. Cada cambio de titular en el Ministerio implica, en la práctica, un riesgo de renovación de la alta dirección de la superintendencia.
Para Picón, esta situación “reduce la autonomía operativa de la institución y la somete a decisiones políticas de corto plazo”, lo que afecta su eficacia y credibilidad. “La Sunat debería tener una autonomía similar a la del Banco Central de Reserva (BCR), con mandatos fijos y directivos designados por criterios técnicos, no políticos”, sostuvo.
Consecuencias para la política fiscal y la lucha contra la informalidad
La falta de continuidad en la dirección de la Sunat no solo afecta la administración tributaria, sino también la coordinación con otras entidades del Estado encargadas de combatir las economías ilegales. La ausencia de liderazgo sostenido debilita los mecanismos de control sobre actividades ilícitas como la minería ilegal, el contrabando y el narcotráfico, que dependen en gran medida de la cooperación institucional y la estabilidad organizativa.
Según el informe publicado por la propia Sunat, esta inestabilidad ha impedido consolidar un plan integral de fiscalización y formalización, dos pilares centrales en la estrategia económica del país.
Hacia una Sunat con estabilidad y visión técnica
La designación de Javier Franco Castillo representa, para muchos, una nueva oportunidad para reconstruir la continuidad institucional de la Sunat. Sin embargo, los analistas advierten que mientras la entidad siga subordinada al MEF y sin un marco legal que garantice su independencia, la rotación de autoridades continuará siendo un obstáculo estructural.
El reto inmediato del nuevo titular será demostrar que puede mantener una gestión estable, con objetivos técnicos claros y libre de presiones políticas. Solo así, la Sunat podrá recuperar su capacidad de planificación y liderazgo en la lucha contra la evasión, la informalidad y las economías ilegales que siguen lastrando el desarrollo del país.

